La sombra de la
cola del gato en
la pared de mi cráneo
salta y entorpece
-el cuadro- justo el borde
de mis ojos; ahora curiosa
culebrea hasta la esquina sin afán
de avisarle a los vecinos.
Acompaña el trago amargo
de la noche previa al paso
-de más años y más años-
Entonces
que la última luna me avise,
yo me concentré en los días
y a hacer
15 minutos en un año mas
tres cigarros por la noche.
Siempre hay un culpable
-posiblemente tú-
Dale un abrazo al perro
y perdónate a ti mismo
porque Dios no lo hará.
M.L, 2017.