El sauce del final de la
calle se secó hace algún tiempo,
creo que fue el invierno
el autor del homicidio. Por ahora aún se siente extraño
pasar por el lugar. En fin, ya es primavera y los besos
cambian la mirada que uno tiene de las cosas,
te hacen respirar aire distinto
- aunque es el mismo -
pero
pero
pero observar un cadáver de tal tamaño
hace que uno se pregunte algunas cosas. Teniendo esta
edad imaginaria, pienso que podría hacerme un bastón con la madera
pero sé que quedará en idea porque evidentemente
no puedo talar el árbol del final de la calle
- tal vez otro -
así que por ahora me conformo
con caminar un poco
ya llegará el día en que toque caminar la tierra,
aunque habría que contemplar el tiempo porque los días pasan volando
y en algún momento debo volver a ver el sauce, su cádaver.
Me pregunto si la muerte de los árboles será un proceso muy largo
o si existirá aquel momento
- radical e inoportuno -
para decir:
Está muerto
Aunque todo se reduce a aquel momento,
la puerta de entrada y de salida
muerte siempre muerte
así que me arrepiento de lo pensado
[doy la vuelta]
[doy la vuelta]
para seguir divagando
- razonando por obligación -
- razonando por obligación -
tal vez mueren pero algunos pueden resucitar
y ser árboles nuevamente y volvería
a pasar por ahí
- frente al árbol resucitado -
y no me daría ni cuenta
de que existe tal milagro
de que tal vez siente mi presencia
de que tal vez
compartimos nuestro aliento.
Pero bueno
la muerte trajo
a contrastar la primavera
e iluminar su color desnudo
e iluminar su color desnudo
- la piel agrietada
de su cuerpo -
cada una de sus ramas retorcidas
convertidas en luz y sombra esplendorosa
sintiendo nada
ni pensando en algo
ni conceptualizando la vida
y uno
y uno
recurriendo a la palabra
uno color blanco después de fumar algo a medias
de caminar en tres sueños separados hasta las seis de la mañana
intentando adaptarse a ciclos semanales
y estas malditas manos que tiritan
por el frío no tan frío de las tardes
con la muerte allá en la esquina y Abbey Lincoln en el parlante
con tormenta de respiro agitado por los ojos del futuro
con esta lámpara encendida cumpliendo su función
- que la madrugada pase desapercibida -
siendo humano.
Hay que dormir que si no
Hay que dormir que si no
el sol se guarda arrepentido
por las tripas revueltas vomitadas en la alfombra
entre papeles arrugados que realmente son otra extensión del alma
también son carne y hueso son tanto que
uno se arrepiente nuevamente y prefiere dejarlo así,
sin pasar a la segunda sin arrepentirme de mi muerte
sin llegar a ser humano - ingenuamente -
esperando que el sauce resucite.
E, G. 2018.